Sin miedo a la libertad

Cuando se habla de libertad nunca falta quien, a la defensiva, exponga mil y un razones por las cuales se debe desconfiar, alegando que “su excesivo uso deviene en libertinaje”. – ¿Y es que acaso no se sobreentiende que ella implica responsabilidad y respeto?

La libertad es la capacidad de actuar según el deseo propio, y es el no ser coaccionado -u obligado- a proceder de otra manera. En pocas palabras: es disfrutar de la vida, a la vez que se es responsable frente a las decisiones tomadas. Es quizás ese detalle el que produce tanto miedo en los desvalidos, quienes, al considerarse incompetentes e incapaces, terminan buscando culpas ajenas. Y esto es así porque los miedosos desconfían de sí mismos y de su capacidad para afrontar con responsabilidad su realidad, entregándole, así, su capacidad de elegir al jaulero que ofrezca mayor y mejor seguridad.

El individuo, una vez que se reconoce, debe cultivar para sí su persona. Como hombre guerrero debe dejar de ser un camello. Debe quitarse de encima todo el peso que no le pertenece, y convertirse en león para apoderarse de su entorno. En ese mismo instante, deja de ser un cargador de pesares para estar libre de las ataduras que imponen el miedo y la desconfianza, para conquistar su libertad como se conquista una presa[1]. Lo que en un principio es un acto pasivo de resistencia al “tú debes”, pasa a ser un acto activo de conquista y de victoria del “yo quiero”.

Transitar el camino que va desde el hombre obediente y sumiso hasta el hombre aguerrido, es ya un gran paso, pero no es el único que se necesita dar. Una vez que este hombre se deshace de sus pesares, y rompe con lo pre-establecido, es necesario que -al igual que un niño- convierta su pureza e imaginación en capacidad de crear. Es ése el punto cúspide: cuando se deja de ser “libre-de” para empezar a ser “libre-para”; libre para concebir, diseñar… para construir su destino.

El anhelo de erigir, transformar, engendrar… de superarse a sí mismo, es la verdadera voluntad de poder; – y a esa fuerza que hay dentro de nosotros le llamamos vida. La voluntad del “yo quiero hacer”, por encima de la imposición del “tú debes ser”: ése es el secreto de los que son libres; a partir de aquí, no van en contra de sí mismos.

Toda intención externa, todo quererle imponer un deber-ser al individuo-persona, está en contraposición al querer-hacer; ergo, es enemigo mortal de la libertad. ¡Y fíjense que en el mundo hay muchos constructores sociales! Por lo que hay que estar vigilante, y estar preparado para defender a toda costa la libertad. – Por ello les digo, amigos míos, a ustedes, que después de haber vencido el temor a la vida se han quedado estancados en el miedo a luchar por ella, ¡no se detengan! Recuerden cómo fue que se conquistaron las libertades en el pasado. Sería una ofensa a la memoria de aquellos pasados, regalarles nuestras instituciones a los enemigos de la libertad. Hoy están secuestradas y en su lecho de muerte, y solo hay una manera de recuperarlas -de la misma forma en que se alcanzaron en su génesis-: guerreando.

Hoy nos toca ser leones y apoderarnos de nuestro entorno. Si lo logramos, mañana tendremos la dicha de poder ser niños; sin nada que temer. Solo quedará frente a nosotros el propio crear para creer, pues habrá toda una Venezuela por hacer.

¡Aut Libertas aut nihil!

Nota:

[1] Ver Así habló Zaratustra: “De las 3 transformaciones del espíritu” (camello, león, niño) – De F. Nietzsche.

Originalmente publicado en Foro Libertad

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